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Hasta luego cocodrilo



 
Cuando llegó a casa y leyó el prospecto, J. J. supo lo que tenía  hacer. Escondidas en las zapatillas  compradas en el mercadillo de los miércoles, que cada semana le exigía como comida, regaló a su cocodrilo las pastillas que aquel cocinero disfrazado de doctor le había recetado.



 

-¿Sabes una cosa J.J.?  Preguntó el cocodrilo con su autoestima elevada por la medicación ingerida.

-Tienes un cocodrilo debajo de la cama por que tienes cama, no te olvides, continuó el saurio risueño  abandonando su escondite y tumbándose en la cama de forma displicente.

- No te fíes mucho de médicos charlatanes revestidos de blancas batas,  siguió en su monólogo divertido el animal.

-El tuyo, debería haberte dicho  que todos los humanos tenéis un cocodrilo debajo de la cama, aunque algunos, él incluido,  no lo quieran reconocer. Solamente toman  pastillas  para intentar no mirar debajo de su lecho. 


 


  

¿Por qué no vas a casa de tu amiga Elena y miras debajo de su cama? Igual descubres que allí hay también un cocodrilo y de paso intentas comprobar la calidez de sus sábanas. Acabó su charla el animal mostrando una irónica sonrisa.

-No sabía que los cocodrilos hablaseis, balbuceó J.J. entre asustado y temeroso.

-Normalmente no ya que no tenemos lengua, solamente hacemos pensar, son esas  pastillas que ya sabes que no debes tomar, las que han alterado mi estado normal.
De todas formas te diré que he salido a despedirme ya que durante un tiempo no me volverás a ver,  creo que por el momento no me necesitas.

 

 
Para que no te olvides de mi, como regalo te dejo un manuscrito de un experimento de la Nasa  con el que si te empeñas,  escribirás un libro que será un novela de éxito.

-¿Y cómo se llamará el libro? Preguntó J.J. preocupado.

- El Caballo de Troya, respondió desde la puerta con un gesto de despedida el cocodrilo.



 

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